viernes, 14 de mayo de 2010

CERVEZA DE JENGIBRE Y TORTILLA ITALIANA EN LONDRES


Esta es una anécdota personal de principios de los años 80’s cuando yo era joven, habiéndome enlistado en el ejercito estadounidense, pertenecía yo a una unidad de fuerzas especiales aerotransportada de paracaidistas de rápido despliegue, nos encontrábamos en Inglaterra entrenando conjuntamente con nuestra contraparte inglesa simulando invasiones a Europa y cosas de ese tipo, estuvimos por algunas semanas por allá y el primer sábado que tuve la suerte de estar libre me dirigí a Londres a conocer a pie la antigua, colosal y majestuosa ciudad.

Después de una larga y mañanera caminata sabatina que comenzó cerca de las 5 de la mañana por un Londres totalmente desolado, sin saberlo me fui a pasear por una zona de bancos y financieras, que como suele pasar en todos lados, los fines de semana queda esa zona totalmente desolada; cuando de repente me encuentro con el río que atraviesa Londres (para los que están pensando en el nombre es el Río Thames) y apenas al cruzar el puente, me sucede lo mejor que le puede suceder a alguien que viene caminando durante toda una mañana buscando un lugar interesante donde almorzar. Al lado del majestuoso puente, entre una vieja iglesia antigua y el puente, empieza un oasis alimenticio conocido como el Borough Market por la calle en la que nace, o como el mercado de la Southwark Cathedral, que es esta Iglesia que se encuentra a su costado. Queda como a dos cuadras del Teatro Globo de Shakespeare, lo que hace de esta zona una de las más interesantes de todo Londres, para visitar y recorrer.

Este lugar tiene muchos nombres y no es de extrañar ya que lo que se encuentra allí es tan variado que resulta difícil contenerlo en una sola palabra. Primero diremos para ser fieles a la verdad y la realidad, que no es un sólo mercado sino que es la confluencia de varios; entre ellos hay mercado de vinos, de quesos, de comida orgánica, de carnes, y mil etcéteras. Para hacernos a una idea tenemos que imaginarnos como si pusiéramos todos los mercados de el área metropolitana de Monterrey juntos (como el mercado Juárez, Colon y otros) incluyendo los mercados de abastos y todas las pulgas; nada mas que todos los puestos en vez de ser de ropa y discos piratas o cosas robadas fuesen de comida de diferentes y muy variadas partes del mundo.

La primera impresión al entrar a esa calle que se observa desde el puente, es una mezcla de olores que lo asaltan a uno, es única y solo puede ser comparada con ese olor a comida casera que nos invade cuando llegamos a casa y alguien está cocinando y nosotros tenemos tanta pero tanta hambre. Inmediatamente uno se da cuenta que se va a enfrentar a una experiencia muy grande y difícil de abarcar en una sola palabra o sensación. En este mercado abundan las tiendas de quesos (y con lo que me encanta el queso) de los cuales uno puede probar, ya que uno de los principales atractivos de este mercado es que el público pruebe la delicia de sus productos. Tiendas de carne de res y de cerdo proveniente directamente de las granjas. Ya que esa es otra de las características de este mercado. No hay intermediarios, son directamente los productores de los alimentos los que tienen sus puestos y los cocinan allí mismo.

Luego de recorrer todo el mercado, que por cierto es muy grande y pasé casi tres horas y media caminando y parando para probar cuanta rareza veía, decidí que era el momento de sentarme y comer. Déjenme decirles que en el mercado, a no ser en algún puesto como en el que yo comí, es muy raro encontrar donde sentarse, por lo que la mayoría de las personas optan por sentarse en la calle y el pequeño parque que rodea a la iglesia. Todo esto transforma el lugar en un verdadero campamento de comidas que bien vale la pena visitar.

Pensando mucho sobre mis opciones, decidí que no quería probar ni los chorizos griegos (sin albur, perdón pero se llaman así) ni el queso gratinado sobre cebollitas que ofrecían unos ingleses muy amables. Decidí que luego de caminar casi todo el día quería comer algo que me gustara, soy de los que gustan de experimentar alimentos muy raros, no siempre en mi comida tienen que haber ingredientes conocidos, puedo innovar con alguno o con muchos a la vez; pero estaba en Londres, en donde la comida de ninguna manera es barata, la verdad que comprarse algo que a uno no le termine gustando al 100% no parece ser una opción muy razonable.

Fue así que volví a la entrada del mercado en donde había visto a unos italianos que hacían uno tipo de “pasteles” con un pan de aceite que me dejo con mucha ganas de probarlos. Así fue que me dirigí hasta su puesto. Llamarlo puesto es ser muy generoso ya que se trataba de dos mesas separadas por una parrilla (medio barril cortado) en dónde ellos cocinaban salchichas que eran la principal atracción del negocio. Pero como a mi me interesaban mas los panes rellenos que ellos llamaban tortillas, me enfoque en sus opciones de la cual elegí la más conservadora. Un pan de aceite con tomates frescos, mozzarella de bufala, jamón y basil pesto. Decidí, mientras compraba mi conservador menú, que podía innovar de a madre en la bebida (eso si me dije) y le sumé a mi menú una botella de cerveza de jengibre. Amablemente fui atendido, y me senté en una mesa; este local tenía tres mesas, y justo agarré una.

La “tortilla” italiana era de lo mejor, un pan con sabor a aceite de oliva y especias, era muy crujiente pero suave a la vez, que conjuntamente con el suave y dulce sabor de la mozzarella de bufala y el tomate, hacían realmente una de las mejores comidas que he comido en mi vida. Para mi humilde opinión la buena comida es aquella que logra combinar de manera simple gustos muy distintos y complejos; simpleza absoluta, facilidad de cocinar y comer, contundencia y buen sabor. Las texturas en la boca eran muy diferentes una de cada ingrediente, sabías cuando te enfrentabas al pan, y cuando a la mozzarella o al jamón y a la vez el tomate era la parte fresca de todo el asunto.

Esto me lleva al siguiente capítulo; LA CERVEZA: Pedí una cerveza artesanal de jengibre bien pero bien helada. Fue yo creo, una de las peores bebidas que he tomado en mi paupérrima existencia, creo que en primer lugar esta todavía el pinche jugo V8 licuado junto con berros y alfalfa fresca que mi madre me hacia tomar todas las mañanas voluntariamente a huevo cuando era guerco, y en segundo se encuentra la cerveza de jengibre. Déjenme decirles algo sobre ella, quienes piensen que no existe el fuego líquido se equivocan, existe y se llama cerveza de jengibre. La bebida estaba muy fría, lo que engañaba al tacto y en el primer trago, ya que uno piensa que se va a deleitar con un buen tragote refrescante (así como el que el Paztor había descrito en su post días pasados), pero inmediatamente después uno se da cuenta que fue un error haber dado un trago tan grande de la bebida (fue como tragarme un gato vivo, encabronado y en reversa jalado de la cola desde las entrañas mismas de mi estomago). Esa bebida es en realidad un extracto concentrado ardiente de jengibre lo cual convierte a la bebida en una gran trampa para todo aquel que no disfrute de las cosas muy pero muy picantes (entre los que por supuesto me encuentro yo). No hubiese sido mala la idea de enfrentarse a una bebida ligeramente picante, pero no más que el sabor de la raíz de jengibre y de su graduación alcohólica. Entiendo que puede llegar a ser una bebida valiosa para los que gustan de los chiles y pimientos y para aquellos que tienen gusto por este tipo de fuegos pirotécnicos para el tracto digestivo, mi aviso va para todos aquellos que como yo, no lo disfrutan, eviten en todo momento, una cerveza de jengibre, este pedo es fuego liquido, repito... fuego liquido.

En un gesto indudable de buena voluntad, que hace de este mercado un lugar muy recomendable no solo por su comida sino por la gente que atiende los puestos, el dueño del “puesto” que me vendió la comida notó el sudor y las lágrimas que provenían de mi cara cuando tomé aquel tragote de cerveza y me acercó una bebida: era ¡AGUA! y gratis y un pedazo de pan para que todo el dolor y ardor pasaran rápido.

Terminé mi comida, les di a todos las gracias (la combinación de la tortilla con el agua fue muy superior a la mendiga bebida infernal) y me fui a buscar mi postre a otro puesto. Encontré un gran mercado de dulces turcos, de los cuales seleccioné unos frutos secos muy ricos. La variedad de colores era envidiable, pero como no se puede todo, escogí unos frutos de naranja y fresa. La verdad que me hicieron recordar unas gelatinas con azúcar que yo compraba cuando era chavalo. El postre que definiré como caramelos de fruta, fue un lindo final.

El costo de la comida fue el siguiente: Tortilla 2.00 libras esterlinas, cerveza de jengibre 1.25 libras esterlinas, agua gratis, frutos secos 1.00 libra esterlina. Total de la comida 4.25 libras esterlinas. Si bien puede sonar caro para México, pero comer con menos de 5 libras en Londres en ese entonces era comer barato, más aún si esa comida incluye bebida y postre y todo fresco y saludable.

Por su agradable ambiente, variedad, y precio, el Borough Market es sin duda un lugar al que hay que visitar. No podré jamás decir que es un lugar tranquilo ni en el que uno descanse o disfrute de la paz. Pero es sin duda una experiencia singular, en dónde comer, conocer gente, charlar, probar diferentes sabores y llevarse picantes sorpresas ¡Y si que era picante!

Saludos a todos.


5 comentarios:

  1. Se me hizo "agua" la boca con la tortilla italiana, con la cerveza alli si paso.. mejor una TKT bien heladita o una micheladita con cerveza sol. mmmmm
    Saludos ¡¡ que pase un excelente fin de semana ¡

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  2. Suena muy interesante eso de una cerveza "picante", la verdad es que la cerveza tal y como la conocemos acá es muy diferente de las que hay en otros lugares.

    Y pues que te puedo decir, me encanta viajar (aunque ya no lo haga tan seguido), ojalá un día me toque andar por ese mercado jeje.

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  3. "fue como tragarme un gato vivo, encabronado y en reversa jalado de la cola desde las entrañas mismas de mi estomago".... jajajajajaja pinche compadre me cage de la risa con ese comentario, pues aca preparamos las famosas "chamochelas" que seguramente no son nada parecido a eso pero si hacen que te arda el estomago conmadre y luego ya lo entrias con otras cheves normalitas, ja! pinche compadre siempre he dicho que una persona con mucha experiencia es la onda y me cae que usted es la onda! le mando un beso de machos y que disfrute el fin de semana!

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  4. http://lanaciondeladesgracia.com14 de mayo de 2010, 2:18 p.m.

    compadre, a mi no me gusta prostituir el sabor de la cerveza con nada, ni limon le echo, asi como viene helada y de volada, jajajajaja.


    chido su relato compa, hasta parece que yo iba a su lado y que camine por esas calles, lo malo es que no habia agua de horchata.

    saludos.

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